Desmitificando los "nuevos conceptos": ¿salud mental o vocabulario de moda?


Universidad de las Ciencias

En los últimos años, con mayor frecuencia, palabras como responsabilidad afectiva, narcisismo, gaslighting, red flags, vínculos tóxicos y manipulación emocional están en TikTok, en memes, en hilos de X, en conversaciones entre amigos e, incluso, en discusiones de pareja. Lo que antes parecía exclusivo de los consultorios psicológicos o los textos académicos hoy forma parte del lenguaje cotidiano. En este contexto, cabe preguntar: ¿realmente entendemos lo que significan estos conceptos o simplemente los usamos por moda? La creciente visibilidad de la salud mental ha sido, sin duda, un avance en términos de sensibilización y reducción del estigma. Desmitificar los “nuevos conceptos” no implica restar importancia a la salud mental, sino evaluar críticamente cómo se construyen y resignifican estos términos.

¿Más conciencia o más etiquetas?

Es innegable que algo positivo ha ocurrido: hablar de salud mental ya no es un tabú como hace 20 años. Las nuevas generaciones han impulsado conversaciones necesarias sobre terapia, autocuidado y bienestar emocional. Según la Asociación Americana de Psicología (APA), en los últimos años y a raíz de la pandemia, ha aumentado la demanda de consultas psicológicas. Por otra parte, Coe, Enomoto y Healy (2023) indican que los centennials muestran un mayor interés por su salud mental, en comparación con generaciones anteriores.

Por otra parte, también observamos otro fenómeno: la tendencia a diagnosticar todo cuando lo cierto es que no todas las experiencias incómodas son patológicas. Sentir tristeza después de una ruptura no significa necesariamente tener depresión clínica; sentir celos no convierte a alguien en narcisista; tener desacuerdos no implica manipulación emocional; y una discusión no se convierte automáticamente en gaslighting.

El conflicto es parte de la vida humana y poner una etiqueta psicológica a puede llevarnos los siguientes riesgos (Carrasquilla, 2024):
  • Simplificación excesiva: procesos complejos se reducen a una palabra viral.
  • Autodiagnóstico innecesario: nos identificamos con síntomas que vemos en redes sin evaluación profesional.
  • Evitar la responsabilidad: en ocasiones usamos categorías psicológicas para justificar conductas propias o evitar procesos de autocrítica.
Plataformas como TikTok o Instagram han popularizado las cápsulas de información psicológica en videos de un minuto. Estos, aunque pueden ser útiles para sensibilizar a la población, también tienden a sacar conceptos de su contexto clínico, generalizar criterios de diagnósticos, convertir procesos terapéuticos largos en frases motivacionales y transformar categorías clínicas en identidad personal.

Desmitificando los “nuevos conceptos”

A continuación, se presentan algunos de los términos más populares, su significado y las formas inadecuadas en que suelen utilizarse:
  • Ansiedad: clínicamente es una respuesta emocional natural ante situaciones de amenaza o incertidumbre (Asociación Americana de Psiquiatría, 2014). Se vuelve un trastorno cuando es intensa, persistente y afecta el funcionamiento diario. Es común escuchar “tengo ansiedad” para referirse a nervios antes de un examen, una exposición o una cita. Sin embargo, sentir nervios es parte de la experiencia humana. Un trastorno de ansiedad implica síntomas sostenidos (como insomnio y ataques de pánico) que interfieren en la vida cotidiana.
  • Narcisismo: el trastorno narcisista de la personalidad implica un patrón que se manifiesta a través de una necesidad excesiva y constante de admiración y falta de empatía, lo que genera conflictos en la vida del individuo (Asociación Americana de Psiquiatría, 2014). Por ejemplo, es común llamar “narcisista” a alguien que se toma muchas selfies, presume logros o muestra actitudes egoístas. No obstante, todos podemos mostrar conductas egocéntricas en ciertos momentos. Un trastorno de personalidad es un patrón rígido, persistente y profundamente estructurado, no un rasgo aislado.
  • Gaslighting: es una forma sostenida de manipulación psicológica en la que una persona distorsiona la realidad del otro para hacer dudar de su memoria, percepción o juicio. Ahora se etiqueta como gaslighting cualquier desacuerdo, error o diferencia de interpretación. La realidad es  que no todo conflicto es manipulación y que el gaslighting implica una estrategia sistemática de control.
  • Red flag (bandera roja): este término no proviene de un diagnóstico clínico formal, sino del lenguaje coloquial. Se utiliza para describir señales de alerta en una relación que podrían indicar comportamientos problemáticos que se presentan de manera sistemática, como control excesivo, celos, manipulación, violencia o falta de respeto. En plataformas digitales, el concepto se ha ampliado hasta convertirse en una etiqueta casi automática. Gustos musicales, formas de vestir, preferencias políticas, tipos de humor o, incluso, pequeños hábitos cotidianos pueden ser catalogados como red flags. Una verdadera señal de alerta implica un patrón de comportamiento que puede afectar el bienestar emocional o la seguridad de una persona. No se trata de incompatibilidades menores, diferencias de personalidad o simples gustos distintos.

Reflexiones finales: entre la conciencia y la banalización

La popularización de estos conceptos tiene efectos positivos: mayor apertura, reducción del estigma y más disposición a buscar ayuda, pero cuando las categorías clínicas se convierten en etiquetas cotidianas, corremos el riesgo de patologizar emociones normales, autodiagnosticarse sin evaluación profesional, disminuir la gravedad de trastornos reales y sustituir el análisis complejo por explicaciones rápidas.

El desafío no es dejar de hablar de salud mental, sino hacerlo con mayor responsabilidad. En la actualidad, conviene preguntarnos: ¿estamos utilizando estos conceptos para comprender mejor la experiencia humana o para simplificarla? La salud mental merece más que ser una tendencia; merece comprensión, rigor y sensibilidad.

Referencias: 

Asociación Americana de Psiquiatría. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5.ª ed.). Editorial Médica Panamericana.

Carrasquilla R., M. A. (2024, 20 de febrero). La ‘banalización’ de la salud mental en las redes sociales. La Estrella de Panamá. https://www.laestrella.com.pa/vida-y-cultura/la-banalizacion-de-la-salud-mental-en-las-redes-sociales-BN6168535 

Coe, E., Enomoto, K., & Healy, C. (2023). Gen Z mental health: the impact of tech and social media. McKinsey Health Institute.

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